jueves, 12 de julio de 2012

Olimpíadas de Londres 1908


Los ingleses anunciaron que realizarían la mejor de todas la Olimpíadas en 1908. Lo consiguieron en parte, pues los juegos estuvieron repletos de reclamaciones. La promesa del éxito del evento se basaba en el hecho de que los ingleses se consideraban los inventores del deporte moderno.

En esta Olimpíada hubo hechos relacionados con cuestiones políticas en las competiciones. Finlandia por ejemplo, que vivía bajo el dominio ruso, fue obligada por el gobierno de Moscú a desfilar con la bandera del czar. Al final, la delegación de Finlandia no desfiló con bandera, un hecho inédito en aquel momento.

Al inicio del siglo, ingleses y norteamericanos vivían en conflictos a causa de intereses económicos que tenían con el resto del mundo. En el primer día de la competición, estaban en el estadio White City los pabellones de los 22 países inscritos menos el de los Estados Unidos. Los anfitriones se disculparon diciendo que no encontraron ninguna bandera norteamericana. Desde entonces, los atletas de la delegación norteamericana no le dirigieron más la palabra a los ingleses.

Las controversias sobre las reglas de cada modalidad del atletismo causaron largas discusiones. Los británicos insistían que fueran cumplidas sus normas. Con esta imposición, hubo mejores resultados. Pero la prepotencia por parte de los jueces británicos era notable.

Mientras algunos competían con seriedad, otros se olvidaron del espíritu olímpico. Gran parte de los ciclistas ignoraban el punto de partida. La mayoría salía disparada atrás de la victoria, y un pequeño grupo prefería hacer malabares para recibir aplausos del público.

Los atletas que compitieron al maratón ocuparon parte de las calles de Londres. El italiano Dorando Pietri fue el primero a entrar al estadio, pero no tenia la mínima resistencia física para concluir la competición. Pietri tropezó varias veces y llegó en primer lugar, pero fue desclasificado. La victoria fue del norteamericano John Hayes. Pero aún así, el italiano recibió todas las glorias de los británicos. La Reina Alexandra maravillada con la actuación del italiano, le dió un trofeo de oro, con un valor superior a cualquier premiación olímpica. Hayes apenas ganó una medalla de oro, sin ningún reconocimiento especial.